La muerte de Laura Alejandra Gómez Rojas, una joven madre de apenas 22 años, oriunda de Monterrey, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que durante años ha golpeado a cientos de familias en Casanare: la angustiosa espera por una remisión médica cuando en el departamento no existe una institución que concentre todas las especialidades requeridas para atender casos de alta complejidad.
Laura permaneció hospitalizada en Yopal desde el pasado 17 de septiembre. Su familia asegura que pidió insistentemente a Sanitas EPS una valoración por reumatología y la remisión a una institución de mayor complejidad. La respuesta que esperaban nunca llegó antes de que la joven falleciera. Ahora, sus familiares anuncian acciones legales y piden que se establezca qué ocurrió y si existieron fallas en el proceso de atención y remisión.
Pero detrás de este caso hay un drama que se repite en Casanare y que no parece tener color de EPS. Con diferentes entidades promotoras de salud, las familias terminan enfrentándose a una verdadera carrera contra el tiempo para conseguir una remisión, especialmente cuando el paciente requiere una especialidad que no está disponible en el departamento.
Hay familias que, desesperadas, han terminado encadenándose a las puertas de las EPS, haciendo plantones o recurriendo a los medios de comunicación para intentar que alguien escuche el clamor por un paciente que no puede esperar. No debería ser necesario convertir el dolor de una familia en noticia para conseguir que una persona enferma sea atendida.
Remisiones que no son remisiones
Y el problema, en algunos casos, no termina cuando finalmente llega la autorización. Familiares denuncian que pacientes son enviados a ciudades lejanas o a instituciones donde no estaría disponible la especialidad que realmente necesitan, lo que termina convirtiendo la remisión en una especie de trámite para salir del paso, sin resolver el problema de fondo.
Mientras tanto, la familia debe trasladarse cientos de kilómetros, pagar alimentación, alojamiento, transporte y otros gastos que muchas veces no están en condiciones de asumir. Cada día lejos de casa significa un nuevo gasto, pero también una nueva preocupación: ver cómo el paciente se deteriora mientras esperan una solución.
Para una familia de escasos recursos, enfermarse en Casanare puede significar mucho más que enfrentar una enfermedad. Puede significar vender lo poco que se tiene, pedir dinero prestado, abandonar el trabajo y separarse del resto de la familia para acompañar a un ser querido en otra ciudad.

¿Qué hacer?
Por eso, la muerte de Laura no debería quedar únicamente en la indignación de sus padres. Su caso plantea preguntas que las autoridades de salud tendrán que responder: ¿cuánto tiempo debe esperar un paciente por una remisión? ¿Quién verifica que la institución receptora tenga realmente la especialidad requerida? ¿Qué ocurre cuando una EPS no consigue oportunamente un servicio que puede resultar determinante para la vida de una persona?
Laura tenía apenas 22 años. Era madre. Tenía una familia que, según sus allegados, hizo todo lo que estuvo a su alcance para conseguir atención especializada.
Ahora quedan el dolor, las preguntas y una familia que quiere saber si algo pudo hacerse diferente.
Porque en Casanare la remisión médica no puede convertirse en una carrera de obstáculos en la que el paciente tenga que esperar hasta que el tiempo se acabe.
Y cuando una familia tiene que encadenarse a una EPS, acudir a los medios o hacer público su sufrimiento para conseguir que atiendan a un enfermo, algo dentro del sistema de salud merece ser revisado.

